Experiencia Personal

Un día de Febrero, hace muchos, muchos años, tantos que lo siento como en otra vida, no pude despertarme a la mañana para despedir a mi padre, que se iba a trabajar. Y ese día no volvió más. Y yo hice como que no paso nada. Y pensé "no es nada, ya va a volver".

Pasaban los días y no volvía, y lo esperaba. Y yo me decía "acá no paso nada, yo soy fuerte".

Pasaron como dos meses y no volvía, pero llega una notita de papá: estaba vivo, se lo habían llevado. Iba a tratar de volver, de no morir, de resistir lo que fuera por volver a vernos. Y yo pensé "que fuerte soy! no derramo ni una lágrima. Pero que lejos que estoy".

Llegaron más cartas de él. Lo torturaban, decían las cartas, moralmente, con picana, le pegaban, lo estaqueaban días enteros, a mi padre, el ser más amado por mi en todos esos años. Pero yo era muy fuerte (creía). No lloraba, no flaqueaba, No sentía.

Y en mi familia, con mi madre y mi hermana hicimos un pacto: Aquí no pasó nada.

Todas las noches, a la madrugada, que subía el ascensor, sentía que nos venían a buscar, pero era fuerte. No tenía miedo.

Solo había un detalle: Ya no me salían las palabras. Tampoco me acordaba ya en estos pocos meses de la cara de mi papá, ni de su voz, ni como era conmigo. Tampoco me acordaba lo que había pasado.

En Diciembre del año pasado fui a Premashanti para saber qué era una Diksha. Cansada ya de más de 24 años de andar vagando por distintas técnicas desde mentales, corporales, metafísicas, meditativas, psicológicas (aunque bastante menos), en las cuales logré casi siempre un conocimiento más profundo de mi y una mejoría. Después de tres años de Ascensión, (en los cuales se me abalanzó mucha miseria y situaciones extremas, vividas en bastante desprotección, aunque fuera aparente como se dice), me empezó a surgir una pregunta muy desde el fondo, que también formulé a Gabriela y Fernando en la reunión de Premashanti: no será toda esta búsqueda solo un pretexto mío para seguir revolviendo basura y dando vueltas en la misma mierda, dolor, soledad, miedo y miseria. 24 años revolviendo las mismas cosas que siempre vuelven y siempre hay más en el fondo. Un una voz, como conclusión "creo que no era por aquí el camino". ¡Había equivocado el rumbo toda mi vida!

Salí de esta reunión y empecé a enfermarme. Cada día estaba peor. Dos días antes de tomar la Diksha llamé a Gabriela, para decirle que en este estado no tenia sentido tomar el taller de dos días, no lo podría aprovechar; tenía una tos que no podía hablar, me dolía la garganta, el pecho y los pulmones, el estómago revuelto todo el tiempo, los ojos con conjuntivitis. Gabriela me dijo que fuera aunque tuviera 40º de fiebre, que era al proceso que había empezado antes, que esto a veces pasaba.

En el taller de iniciación daba lástima. Era una lágrima. Ya desde mi presentación que fue al final me empecé a angustiar terriblemente porque no podía ni hablar. Era todo dolor retenido, que nunca terminaba de estallar. Automáticamente fui asistida por Gabriela, que saltó a ayudarme a liberar lo que por naturaleza humana y amplia experiencia personal, me hacía retener para no sentir. Yo quedé muy avergonzada después de esto porque el clima del taller, que venía bastante bien, se puso muy denso. De nuevo era una pobre infeliz, dando lástima, le dije a Gabriela, quien muy contenedora me contesta: quédate tranquila, que en un rato van a estar todos así como vos. El último trabajo de ese día, que fue a las 23 hs y ya estábamos cansadísimos, fue de respiración Vipasana. Se ve que me fui a un estado muy profundo de meditación, y cuando volví y abrí los ojos veo directo al cuadro de Amma y Bhagaván. Miro directamente los ojos de Bahgaván y veo esos ojos que ya conocía, que me miraban ya desde hacía casi tres años cuando llegaba a meditación muy profunda. Siempre veía dos ojos que me miraban muy de cerca, que me confundían, sentía que era la mirada de Cristo, pero no era Cristo, era otra cara, se alejaba y era un rostro no conocido con Barba y bigotes. Jesús no tenía esos rasgos. Este rostro venía casi siempre seguido de un montón de rostros de hombres de otra raza que nada tenían que ver conmigo. Esto hacia mucho tiempo se había tornado una preocupación para mi, que comenté varias veces con mi familia y gente que respetaba mucho en lo espiritual, porque era demasiado fuerte y claro, no era una ensoñación ni una percepción. Era un contacto real, que todavía no podía entender y abriendo los ojos frente a ese cuadro se empezaba a aclarar.

Cuando salí del taller ese domingo a la tarde renací. A partir de ahí mi cabeza comenzó a funcionar completamente diferente a como había funcionado siempre. Estaba en lugar absolutamente y con la limitación completa de no poder atender a dos cosas a la vez. Si comía no podía escuchar una conversación, por ejemplo. Estaba en un estado de felicidad elevadísimo. Este estado duró cerca de un mes.

Tengo momentos también, en que parece que nunca va a ser posible salir de la limitación, que todo se ensombrece, que no hay salida real.

Un día vi. Vi claramente, ¡tan claramente! Era tanto el dolor en esos días, tan grande, que no podía identificar si estaba adentro mío o afuera. Era tan grande como el dolor de toda la humanidad entera. Salía del subte caminando por el miro-centro como hipnotizada por el dolor. Sin poder ver nada más y vi claramente como salían de mi pecho sustancias que no puedo describir, que eran como fuerzas muy gruesas y poderosas, que dibujaban y trazaban la ruta de mi aparente realidad. Dolor, miseria, desvalorización, muerte, tortura, todo en el fondo de mi pecho se proyectaban en una sustancia material y veía como iban armando mi vida. Siempre en todas las terapias y técnicas dijeron que uno arma el destino, pero juro que lo vi, lo sentí, lo palpé como esas fuerzas de un material que no puedo distinguir tomaban forma y se transformaban en situaciones y armaban un ensueño llamado realidad.

De esta experiencia tan profunda pasé automáticamente por casi un mes a un estado de felicidad y alegría absoluta, muy difícil de describir. Ya empezaba a creer que era este estado que se había instalado y el tratar de explicarlo empezó a perder altura e intensidad.

Hubo más experiencias, a diario. Mi mente, acostumbrada a trabajar en varias direcciones a la vez, testigo del miedo y la separación, a partir de la primera Diksha se encuentra en un solo lugar. Clara y absolutamente en un solo lugar. Mi autoestima se recupera, el miedo baja. Las situaciones se dan, pero en otra protección. Y quiero más Amma y Bhagaván, se que hay más. Espero más.

Pasan los días, el estado sigue bajando. Ya no hay nada. Ni sensación de amor, ni espiritualidad, no hay proyección ni futuro. Vuelvo a estar en un punto muy bajo y prolongado. Estoy inmersa en un ensueño pesado que hasta me marea. Ya no siento conexión. No los veo. Amma y Bhagaván, Ananda Giri, tan reales y tan claros en otros momentos, qué pasa que ya no están. ¿Será verdad todo esto? El otro día, después de casi 8 meses de no meditar, estaba tan mal que volví a ascender por un rato, y si tenía dudas de la Diksha, puedo dar fe que algo hicieron dentro de mi cabeza. Al ascender me di cuenta que mi cabeza no es la misma físicamente. Hay como un hueco desde la coronilla bajando en embudo hasta la base de la columna. Algo pasó sin duda. Yo no lo puedo explicar desde la física quántica, porque no tengo ni idea, pero sí hago trabajo de auto-conocimiento corporal hace muchísimos años y sé que mi cabeza tiene físicamente otra forma por dentro.

Hoy Amma, en el día, tu dia, de cumpleaños te cuento algo de mi historia y experiencias con las Dikshas.

Ante Bhagaván y vos, Amma...

Maria Fernanda.

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